Nueve de la mañana suena el despertador de Ezequiel, Bárbara comprueba horrorizada que está llegando tarde al trabajo justo hoy que iba a conocer a Martín, otro chiquito con problemitas en el aprendizaje.
- Buen día, vida. ¿Qué haces acá? ¿No vas a laburar?
Ezequiel acaricia el pecho de su esposa que permanece confundida por el horario en que sonó el despertador.
- Me quedé dormida ¿a qué hora pusiste el despertador?
Ezequiel besa el cuello de Bárbara con evidentes deseos sexuales.
- Me quiero morir, hoy venía un chico nuevo. Me voy a vestir.
El no parece preocupado por el horario y continúa besando a su esposa, aunque nunca en la boca, por supuesto.
- Ya es tarde, lo ves otro día. Quedate conmigo.
Bárbara está molesta, porque sin necesidad de respuestas, comprende que Ezequiel puso el despertador en el horario en que él lo necesitaba.
- Dejame Eze, yo no trabajo en el estudio de mi papá, no está todo bien si llego tarde, ¿sabés?
El detiene los besos y la observa sorprendido.
- ¿Qué me querés decir con eso? ¿Qué mi trabajo no es serio? ¿Qué dependo de mi papá?- y eleva un poco el tono de voz dejando en evidencia su irritación.- Mirá nena, no me vengas con psicología barata porque no sos psicóloga ¿estamos?
Bárbara no responde, se viste apurada y enojada mientras Ezequiel continúa su discurso.
- No sos psicóloga, es bueno que lo sepas. Sos psicopedagoga y yo no tengo problemitas de aprendizaje como los pibes que ves todos los días, yo no soy uno de tus tontitos. Ojo Bárbara, no te equivoques y no vengas a psicopatearme a mí.
Enfurecida, sabe que si responde a las agresiones, la situación puede tornarse irreversible y en silencio se dirige hacia la puerta.
- No te hagas la que no escuchás, sé perfectamente que me oís y estoy harto de que nunca me respondas. Me haces quedar como un loco y la que genera esto sos vos, estás pelada con tus amigas y te la agarrás conmigo.
Bárbara inspira y antes de salir al trabajo se da vuelta, lo contempla un momento, traga saliva y responde.
- Estás boicoteando esto, Ezequiel, desde que llegamos que haces todo para que no funcione.
- ¿Ves? Das vuelta la cosa como te conviene, ¡si la que armó esto sos vos!
Bárbara se va, tal vez sea cierto que estar distanciada de Ana y Josefina la haya vuelto más vulnerable pero su marido no está colaborando para logre sentirse mejor.
Angustiada entra al trabajo. Claudia levanta la vista de una carpeta caratulada Martín Palomar y se para junto a la puerta cómo invitándola a Bárbara a que ingrese a su oficina.
- Buen día. Barby, yo no soy un sargento con el horario y los días que no hay chicos si se te hace tarde no importa, pero estás empezando y...
Bárbara explota en un llanto que ha intentado contener hace días, hace tres días, más exactamente desde que se fue vivir con Ezequiel y se abraza a Claudia que permanece semi-rígida junto a la puerta.
Lentamente Claudia reacciona y conduce Bárbara, que sigue llorando, a la silla para luego sentarse y alcanzarle una caja de pañuelos de papel que Bárbara utiliza sin resultado, pues el llanto no es detenido por nada.
- Bueno, imagino que estás transitando un período de muchos cambios. ¿No?
- No...ooo...ooooo- el llanto cede espacio a las palabras- sa...bés...sabés...no sabés lo que es- Bárbara continúa tomando pañuelos- No quise llegar...llegar tarde pe...pepero...pero el des...des...
- ¿El desayuno?- Claudia intenta colaborar.
- Nooooo...no, noooo, no me pu...puso el despertador- el llanto disminuye- y está convirtiendo todo en algo horrible. Creí que la convivencia, el matrimonio iba a limar las asperezas, pero todo está peor. Me dice que no soy psicóloga y él...él...él no es nada, él hizo un año de derecho y se hace pasar por abogado en el estudio del pa..del pa...del padre- el llanto vuelve con energía y Claudia la ayuda a pararse y la conduce al baño.
- Lavate la cara, tranquilizate y charlamos.
Cuando Bárbara sale del baño con los ojos hinchados y mientras piensa que realmente necesita el apoyo de sus amigas y no de su jefa observa que Claudia está sentada con los anteojos puestos, con la misma actitud que utiliza para intentar hacer entender a un padre o una madre, que por más tratamientos que haga su hijito, no va a resolver sus problemitas si sus papis no hacen algún trabajito en simultaneo.
- Mirá Clau, yo sé que mis problemas personales no...
Claudia le chista y extiende el brazo en señal de que se siente frente a ella.
- El pelotudo ese tiene razón: no somos psicólogas ni quisimos serlo y el único que necesitaría una es él pero, tiene razón, vos no lo sos. Como sabés yo me he divorciado, no una sino tres veces. La última vez entendí: el problema no eran ellos, era yo.
- Clau, yo me casé hace menos de una semana, no estoy pensando en divorciarme, creo que todavía...
Claudia sonríe en un gesto maternal que conoce al dedillo, pues instrumenta con niños y papis cuando quiere dar a entender que lo que están diciendo es una verdadera gansada.
- Querida, divorciate cuando quieras, no es asunto mío, pero prestá atención. Fijate que una es victima del otro hasta que toma conciencia de ello y si vos tomás conciencia y seguís con él: el problema es tuyo.
Claudia no pierde la apacible sonrisa ni un momento y Bárbara teme seguir oyendo a su jefa pues hoy no está convencida ni siquiera de desear volver a su casa.
- Barbarita, yo sé que sos una señora casada pero ¿por qué no te venís hoy con nosotras a tomarte unos Daiquiris? Son bárbaros... antes me fumaba un porro, pero estos daiquiris son riquísimos y mientras podés ver chicos que salen de la oficina, hay para todos los gustos.
- Claudia te agradezco pero quiero ir y aclarar las cosas. Ya sé que parece que Ezequiel fuese un idiota, pero es porque hoy me peleé con él y...
- ¡No!
Bárbara sorprendida, observa a su jefa hablar con esa certeza sobre un hombre al que no conoce.
- ¿No?
- No, querida, él fue un idiota desde siempre, desde antes de conocerte, pero queda en tus manos. Eso sí, de ahora en más no acepto llegadas tardes si hay un chiquito esperándote.
Cuando el día laboral termina Bárbara se va. Caminando despacito por Santa Fé, mira las vidrieras, piensa en pasar por el súper a comprar algo y piensa que no tiene ganas de cocinar y tal vez podrían pedir comida china. Piensa también que quizás su marido ni siquiera vuelva a dormir y se quede mirando televisión en la casa de su mamá, comiendo en lo de su mamá, hablando de ella con su mamá. Bárbara ya no siente entusiasmo al volver a su casa pero sabe que ella no es Claudia, que Claudia es mayor y ha pasado por ciertas frustraciones que la han vuelto un poco resentida y que ella es naturalmente optimista y recordándose a si misma, apura el paso y cuando ve pasar su colectivo lo corre, se sube en el estribo y colgada como va, escribe un mensaje a su marido: No peleemos, te amo. Voy para casa.
Contenta, sube los tres pisos por escalera y abre la puerta, pero no encuentra a nadie, teme lo peor pero necesita respuestas y marca el teléfono.
- Hola Dorita... Bárbara.
Hoy poco le preocupa a Bárbara que Dorita la reconozca, solo quiere oír a su marido, oírlo decir que la ama y que todo va a salir bien.
- Si, Eze está ahí, ¿no?...ah, ¿no?... ¿te dijo dónde iba?...no, pero bueno, podría habérmelo imaginado, tampoco es que no lo conozco... está bien Dorita, pero yo lo conozco y ya sé... mirá Dorita, es tu hijo y lo conocés, no voy a ponerlo en duda, nadie va a ponerlo en duda... ¡No, enojada no!...Dorita, nadie dijo que fuese tu culpa, pero tenés la creencia...
Bárbara comprende que es una discusión inútil, pues mas allá de la influencia que Dorita tenga sobre su hijo, su marido es Ezequiel y es él quien debe volver a su casa o explicarle a dónde ha ido. Se despide de su suegra y espera sentada en living, iluminada solamente por la luz de una vela.
CONTINUARÁ...(me encanta el "continuará")