viernes, 9 de abril de 2010

Porque yo no estoy nicomprometidanicasadaninada

Recuerdo que un profesor mío explicaba, a cuento de la relación con los dioses, que la única certeza que tenemos los seres humanos es que vamos a morir. Claramente no se trataba de un grupo de autoayuda, pero perduró en mi cierto sesgo trágico que hoy me conduce a afirmar, sin haber realizado ningún tipo de estudio serio a respecto y con absoluta subjetividad y resentimiento, que: las relaciones entre seres humanos son igual de perecederas.

Las separaciones existen, es así, son algo que sucede, invariablemente, en todas las parejas y lo cierto es que, a una enorme cantidad de personas, no es la muerte quien llega a separarlas sino las múltiples variables emocionales que hacen que nuestros vínculos se modifiquen, hasta que ya no hay más modificación posible que terminar, de una lastimosa vez, con él.

La gran mayoría de las personas se ha separado por lo menos una vez en su vida y separase es una cosa, pero hacerlo con estilo, es otra muy diferente y, el estilo, claro está, sólo llega con la práctica.

Hay algo en las rupturas tranquilas, cuando no hay ningún tipo violencia, ni insultos, ni platos lanzados contra las paredes, donde la cosa no termina de romperse, es decir, no logra ser una ruptura. No sé cómo hace una pareja para terminar sin escándalo, después de años de compartir afecto, emociones, experiencias, de ayudarse mutuamente, de aguantarse olores y sudores, ronquidos y gemidos ¿es posible separar libros y cidis e irse silbando bajito a ocupar un lugar nuevo?

Me puse a pensar en esto después de encontrarme con Juliana, una ex compañera de la facultad, a la salida del subte línea D, estación Catedral (¿Viene a cuento el lugar?...para nada). Hacía años que no la veía, pero cada tanto me iba enterando de las novedades de su vida, así que cuando la encontré, por supuesto le pregunté cómo estaba ella, su nena, su marido y me respondió con un incomodísimo “me separé”

Permítanme un breve paréntesis: reconozco que es un problema mío, si hay algo que entiendo como natural es preguntar por cómo está la pareja de la persona con la que me encuentro (si sé que esa persona tiene pareja) entiendo que es pregunta de rigor y no termino de asimilar que las relaciones suelen terminarse más frecuentemente que mis encuentros con ciertas personas, bueno, está bien, lo acepto, me cuesta aceptar que las relaciones se terminan. No soy buena en eso, me duele saber que el final del amor existe y por ello, frente a la respuesta de Juliana solo pude emitir un “ah” triste, solidario y compañero, pero ella refutó con un gélido “¡Eh!” , un “eh” de festejo, de satisfacción…ese tipo de separación tampoco la entiendo, no sé cómo hace una pareja para terminar sin dolor, después de años de compartir afecto, emociones, experiencias, de ayudarse mutuamente, de aguantarse olores y sudores, ronquidos y gemidos. Es decir ¿cuánta mierda se aguanta para que finalizar un vínculo se vuelva liberador? Y la pregunta implícita en ello ¿por qué?

Es cierto, se aguanta mucha mierda en pareja, todo aquello que nunca se dice, o aquellas cosas que nunca deberían haberse dicho, pero se supone que todo lo negativo tiene su contrapeso con los momentos de alegría ¿cuánto tiempo permanecen unidas dos personas hasta notar que esa alegría ya quedó en el olvido?

Cuando me encontré con mi amigo, Fede, no le pregunté por su novia. A él lo veo seguido y sé perfectamente las contingencias de su relación. Fede ha tenido bastantes amagues de separación, es una historia que quiere terminarse pero sus protagonistas están demasiado atados a la trama para darle el punto final. El día que Fede se recibió hizo una fiesta, grande, divertida, en la que el único que pareció no disfrutar fue él. La confianza que genera años de amistad, me impulsó a preguntarle qué era lo que le pasaba y me contó que apenas terminó de dar el último examen, fue a contarle la noticia a su mujer y ella, absolutamente desafectada, nunca abandonó la vista de la pantalla del monitor y le respondió “podrías haberlo hecho antes”

¿Cuándo una pareja se convierte en eso? ¿Por qué no cortaron esa relación dos meses antes de llegar a ese diálogo?

No puedo decir que con Pedro no nos separamos armoniosamente, la casa es de él, así que ni bien pude me mudé yo, no hubo problemas ni para dividir música, ni muebles: yo nunca escuché sus discos ni él los míos y los mubles los juntamos, casi no compramos nada a medias, tal vez porque sabíamos que la relación tenía fecha de vencimiento (y no era la muerte, claramente) fue una separación higiénica, me cansé de él y nunca objetó nada así que imagino que se cansó también de mi, el problema vino después. Al momento de separarnos parecía una decisión absolutamente lógica, el problema vino después del primer mes, cuando entendí que estábamos separados. Primero me llamó él, para saber cómo estaba, después lo llamé yo, para saber cómo estaba y después lo llamé para saber cómo seguía y después lo volví a llamar para saber si estaba con otra y después lo llamé una vez más para putearlo porque en mi imaginación ya lo había visto con otra y estaba feliz, más flaco que cuando lo dejé y era mucho mejor amante con la otra imaginaria que conmigo. Después me llamó él para pedirme que no llamase más.

Tenía razón, yo había decidido separarme, sabiamente, racionalmente, después de varios meses de no expresar abiertamente lo que me molestaba (y que cada vez era más) ¿por qué iba a importarme si estaba con otra? Porque sentía que ese era el final, el verdadero, el de cada uno sigue con su vida y yo todavía no seguía con mi vida, yo lo seguía sintiendo parte de mi vida. No pude llamarlo más, pero lo insulté muchas veces, demasiadas y terminé bebiendo y bebiendo, no, no terminé bebiendo, terminé tirada, durmiendo en piso de mi baño por la horrible borrachera que me había agarrado, no, no terminé tirada y durmiendo, primero me compadecí de mi misma, después sentí lástima por mi, después volví a sentir un tremendo odio por él, después lástima por mi, después vomité tres veces seguidas y recién ahí me fui al dormitorio a sentir un poquito de lástima por mi, un poquito de odio por él, intercalando, como una mil hojas.

Para mí, una separación es eso, es patética, expone lo peor, nos deja mal parados y después…finalmente y gracias a Dios, todo pasa.

Con Pedro nos une algo más que un pasado, nos une una empresa. El viajó por dos meses, para hacer más llevadera la situación y hasta ahora organizamos los horarios, yo voy por la mañana y él por la tarde, no nos vemos nunca, nos dejamos notas o Renzo se encarga de pasar mensajes, pero seguimos sin disolver la sociedad.